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El Arzobispo Lefebvre: abierto al sedevacantismo


Aunque la Hermandad Sacerdotal de San Pío X rechaza, oficialmente, la conclusión teológica de que no ha habido Papas legítimos en las últimas décadas, lo cierto es que el Arzobispo Lefebvre no descartó la posibilidad de que la Sede estuviera vacante y consideraba que era una opinión probable. Es sabido que Su Ilustrísima, Don Antônio de Castro-Mayer, co-consagrante en 1988 junto a Don Marcel, era incluso más cercano a la posición sedevacantista, que de hecho manifestó públicamente en dichas consagraciones, con el asentimiento complaciente del Arzobispo. Dicho esto y mientras rezamos para que, por un lado, la Hermandad respete más la postura sedevacantista entre sus sacerdotes y fieles, y que por otro, desde el sedevacantismo se tenga más estima a la figura colosal que fue el Arzobispo Lefebvre, vamos a presentar una serie de citas poco conocidas (y menos difundidas) del San Atanasio de nuestros tiempos que confirman que Don Marcel contemplaba la tesis de la Sede vacante.

- Sermón febrero de 1976: «Si somos excomulgados por una logia masónica, Deo Gratias».

- El 4 de agosto de 1976: «El Concilio [Vaticano II] dio la espalda a la tradición y rompió con la Iglesia del pasado. Es un concilio cismático… Si estamos seguros de que la Fe enseñada por la Iglesia durante veinte siglos no puede contener ningún error, estamos aún menos seguros que el Papa [actual] sea verdaderamente Papa. La herejía, el cisma, la excomunión ipso facto, o la elección inválida son todas causas que pueden significar que el Papa nunca fue Papa, o que dejó de ser Papa… Porque, últimamente, desde el comienzo del pontificado de Pablo VI, la conciencia y la Fe de todos los católicos se ha enfrentado con un grave problema. ¿Cómo es que el Papa, el sucesor de Pedro, que puede contar con la asistencia del Espíritu Santo, pueda oficiar la destrucción de la Iglesia –la destrucción más radical, rápida y extensa de su historia– algo que ningún heresiarca jamás consiguió? ¿Tenemos realmente un Papa o un intruso en la Sede de Pedro?».

- Sermón en Lille, 29 de agosto de 1976: « Se ha producido una unión adúltera en la Iglesia y de la unión adúltera solamente pueden salir bastardos. ¿Quiénes son los bastardos? Los nuevos ritos. El nuevo rito de la misa es bastardo, los sacramentos son bastardos... No sabemos ya si los sacramentos dan la Gracia o no la dan, no sabemos ya si Nuestro Señor Jesucristo se hace presente con su cuerpo y con su sangre [en el Novus Ordo] o no».

- Sermón, Pascua de 30 de marzo de 1986 en Ecône: «Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo que no se  planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en  cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia.  ¿Qué conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos  repetidos en comunión con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa no es Papa. No quiero decirlo aún  de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible  que un Papa sea hereje pública y formalmente».

- Conferencia espiritual en Ecône del 15 de abril de 1986: «Queridos amigos, ¿pudieron, durante las vacaciones, reflexionar sobre el sermón del  domingo de Pascua? [...]. Entonces el problema se plantea. Primer problema: la communicatio in sacris. Segundo problema: la cuestión de la herejía. Tercer problema:  ¿el Papa es aún Papa cuando es hereje? ¡Yo no sé, no zanjo! Pero pueden plantearse  la cuestión ustedes mismos. Pienso que todo hombre juicioso debe plantearse la  cuestión. No sé. Entonces, ahora ¿es urgente hablar de esto? Se puede no hablar, obviamente. Podemos hablar entre nosotros, privadamente, en nuestras oficinas, en  nuestras conversaciones privadas, entre seminaristas, entre sacerdotes. ¿Es  necesario hablar a los fieles? Muchos dicen: no, no habléis a los fieles. Van a  escandalizarse. Eso va a ser terrible, eso va a ir lejos. Bien. Yo dije a los sacerdotes en París, cuando los reuní –y luego a vosotros mismos, ya os había hablado–, les dije: creo que, muy suavemente, es necesario, a pesar de todo, esclarecer un poco a los fieles. No digo que sea necesario hacerlo brutalmente y lanzar eso como condimento  a los fieles para asustarlos. No. Pero pienso que, a pesar de todo, es una cuestión precisamente de Fe. Es necesario que los fieles no pierdan la Fe. Estamos encargados  de guardar la Fe de los fieles, de protegerla. Van a perder la Fe… Incluso nuestros  tradicionalistas. Incluso nuestros tradicionalistas no tendrán ya la Fe en Nuestro  Señor Jesucristo. ¡Ya que esta Fe se pierde! Se pierde en los sacerdotes, se pierde en  los obispos».

- Sermón, 27 de agosto de 1986: «El que ahora se sienta en el trono de Pedro se burla públicamente del primer artículo del Credo y del primer mandamiento del Decálogo. El escándalo que da a los católicos no tiene medida. La Iglesia es sacudida desde sus cimientos».

- Sermón, 28 de octubre de 1986: «Juan Pablo II ha alentado a las falsas religiones a que oren a sus falsos dioses: se trata de una humillación sin precedente e intolerable para los que siguen siendo católicos…».

- Reunión con el cardenal Ratzinger, 14 de julio de 1987: «Si hay un cisma, es por lo que el Vaticano hizo en Asís… ser excomulgado por una iglesia liberal, ecuménica y revolucionaria es, para nosotros, una cuestión indiferente».

Agosto de 1987, en una carta dada a la prensa: «Nuestra actitud nos ha valido la persecución de la Roma del Anticristo. Esa Roma modernista y liberal que prosigue su obra destructora del Reino de nuestro señor Jesucristo, como lo prueba así la plegaria de los distintos jefes religiosos y la confirmación de las tesis liberales del Vaticano Il sobre la libertad religiosa».

- Conferencia del Arzobispo Marcel Lefebvre durante el retiro sacerdotal en Ecône del 4 de  septiembre de 1987: «Roma ha perdido la fe. Roma está en apostasía. Estas no son palabras  en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía. Ya no podemos confiar más en ellos. ¡Han abandonado la Iglesia!, ¡han abandonado la Iglesia!, ¡han abandonado la Iglesia! [...] Pienso que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan  Roma hoy son anticristos, como lo describe San Juan en su primera Carta: “ya el  Anticristo hace estragos en nuestro tiempo. El Anticristo, los anticristos, ellos lo son,  es absolutamente cierto».

- Mandato Apostólico leído en la ceremonia de las Consagraciones Episcopales de 30 de junio de 1988: «Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia romana están animadas por el espíritu del modernismo; actúan contrariamente a la Santa Tradición: “Ya no soportarán la sana doctrina [...]. Habrán de apartar los oídos de la verdad, aplicándolos a las fábulas”, como dice San Pablo en la segunda epístola a Timoteo (IV,3-5). Es por esto que consideramos sin ningún valor todas las sanciones y todas las censuras de esas autoridades».

- Declaración a la prensa antes de las consagraciones episcopales de 1988: «La Iglesia mantiene comunión con todas las falsas religiones y la herejía… en el horror… Para salvaguardar el sacerdocio católico que perpetúe la Iglesia y no una iglesia adúltera, debe haber obispos católicos. Debido a la invasión del espíritu modernista en el clero, que llega hasta las más altas cimas dentro de la Iglesia, nos vemos obligados a llegar a la consagración de obispos [...]. El día que el Vaticano sea liberado de esta ocupación modernista, y vuelva al camino seguido por la Iglesia hasta el Vaticano II, nuestros obispos estarán enteramente en las manos del Sumo Pontífice, aceptando la eventualidad de no seguir ejerciendo sus funciones episcopales».

- A los obispos tras las consagraciones del 30 de junio de 1988: «La Sede de Pedro y los puestos de autoridad en Roma están ocupados por anticristos, el Reino de Nuestro Señor está siendo destruido rápidamente dentro mismo de su Cuerpo Místico en esta tierra, especialmente por la corrupción de la Santa Misa, expresión espléndida del triunfo de Nuestro Señor en la Cruz».

- Hablando de los líderes de la secta vaticanosegundista: «No podemos trabajar juntos con estos enemigos del Reinado de Nuestro Señor. [...] No podemos seguir a estas personas. Ellos están en apostasía, ellos no creen en la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, que debe reinar. ¿Qué sacamos con esperar? ¡Hagamos la consagración!».

- Entrevista concedida a Fideliter Nº 66, noviembre-diciembre de 1988: «No tenemos la misma manera de entender la reconciliación. El Cardenal Ratzinger la ve en el sentido de reducirnos, de llevarnos al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No nos entendemos. Es un diálogo de sordos. [...] Yo presentaría la cuestión en el plano doctrinal: ¿Estáis de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que os precedieron? ¿Estáis de acuerdo con la Quanta Cura de Pío IX, con la Inmmortale Dei y la Libertas de León XIII, con la Pascendi de Pío X, con la Quas Primas de Pío XI, con la Humani Generis de Pio XII? ¿Estáis en plena comunión con estos Papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptáis todavía el juramento antimodernista? ¿Estáis a favor del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo? No es pequeña cosa lo que nos enfrenta. No basta con que se nos diga: pueden rezar la misa antigua, sino que es necesario aceptar esto. No, no es solamente eso lo que nos enfrenta, es la doctrina. Está claro. [...] No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia. [...] En cuanto a decir: salir de la Iglesia VISIBLE, es equivocarse asimilando Iglesia oficial  a la Iglesia visible… ¿Salir, por lo tanto de la Iglesia oficial? En cierta medida, ¡sí!, obviamente. [...] Si nos alejamos de esta gente, es absolutamente de la misma manera que con las  personas que tienen el SIDA. No se tiene deseo de atraparlo. Ahora bien, tienen el SIDA espiritual, enfermedades contagiosas. Si se quiere guardar la salud, es necesario  no ir con ellos”. (Ibídem).

- Fideliter Nº 70, julio-agosto 1989: «Es increíble que se pueda hablar de la Iglesia visible en relación a la iglesia conciliar y en oposición con la Iglesia Católica que nosotros intentamos representar y seguir. [...] Somos nosotros quienes tenemos las notas de la Iglesia visible: la unidad, la  catolicidad, la apostolicidad, la santidad. Es eso lo que constituye la Iglesia visible. [...] Obviamente estamos en contra de la iglesia conciliar, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una iglesia virtualmente excomulgada porque es una iglesia modernista».

- Itinéraire Spirituel, Ecône 1990,  p. 70: «Esta apostasía hace de sus miembros unos adúlteros, unos cismáticos opuestos a  toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia de hoy, en la medida en la que esta permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor». 

- La última entrevista realizada a Don Marcel Lefebvre, publicado en enero de 1991, Fideliter Nº 79: Es absolutamente imposible en el clima actual de Roma, que se vuelve cada vez peor. No debemos hacernos ilusiones. Los principios que dirigen ahora a la iglesia conciliar son cada vez más abiertamente contrarios a la doctrina católica. Todas las ideas falsas del Concilio continúan desenvolviéndose, se reafirman cada vez con más claridad. Se ocultan cada vez menos. Es, pues, absolutamente inconcebible que se pueda colaborar con semejante jerarquía. [...] Será necesario continuar esperando antes de prever una perspectiva de acuerdo. Por mi parte, creo que sólo el Buen Dios puede intervenir, visto que humanamente no se ve posibilidad de que Roma modifique el rumbo. [...] Nuestros verdaderos fieles, los que comprendieron el problema y que justamente nos han ayudado a seguir la línea recta y firme de la Tradición y de la fe, temían las negociaciones que yo hice en Roma. Me decían que era peligroso y que perdía el tiempo. Sí, claro, yo esperé hasta el último minuto que en Roma me testimoniasen un poco de lealtad. No me pueden reclamar por no haber hecho lo máximo que podía. Por eso, ahora, a los que vienen a decirme: Es necesario que usted se entienda con Roma, creo que puedo decirles que fui lo más lejos que podría haber ido.

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